La pureza, concentración y estructura de los estándares se verifican mediante diversas técnicas (como HPLC, espectrometría de masas y análisis de aminoácidos). Según sea necesario, se realizan pruebas de estabilidad (experimentos de degradación acelerada), validación funcional (como inmunorreactividad y actividad enzimática) y evaluación del efecto de la matriz.
Los estándares se mezclan hasta las concentraciones objetivo y se colocan en una matriz adecuada (como un tampón o suero artificial). Las condiciones de almacenamiento y los aditivos (como los inhibidores de proteasa) se optimizan para evitar interacciones entre los componentes.